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Porcentaje de tierra cultivable por países. WIKIPEDIA

 

Las grandes potencias y los países emergentes superpoblados están comprando inmensas superficies de tierras cultivables en las naciones en desarrollo, para asegurarse su futuro alimentario a costa de poblaciones que pasan hambre

Uno de los aspectos menos conocidos de la conflictiva geopolítica del año que termina ha sido la carrera hacia la adquisición y el control de tierras fértiles en el planeta -una buena parte del continente africano y amplias extensiones en América Latina- por parte de potencias ricas o emergentes como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Corea del Sur, Japón, China e India, mostrando la que va a ser una clave decisiva en las relaciones internacionales del siglo XXI.

La pasada semana el Parlamento argentino votó una ley que pone coto a la venta en porciones del país, uno de los líderes mundiales en producción de alimentos y que ya ha enajenado un 10% de su territorio, para restringir esta venta hasta un máximo del 15% de la Argentina.

Según un reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en 2011 se dispararon los precios de los alimentos y la fiebre por la adquisición multinacional de tierras cultivables y de zonas ricas en agua.

Los países más pudientes están comprando inmensos territorios en toda el África subsahariana, a fin de crear explotaciones agrícolas destinadas a la alimentación o a la producción de agrocarburantes. El director saliente de la FAO, Jacques Diouf, pone el dedo en la llaga: “Estados y empresas occidentales están interviniendo millones de hectáreas de tierras agrícolas de países en desarrollo para asegurar su aprovisionamiento alimentario a largo plazo”.

 “Neocolonialismo: Estados pobres produciendo alimentos para los países ricos a expensas de su propia población hambrienta”

La multiplicación de estas transacciones (que alcanzan un territorio equivalente a la totalidad de Europa Occidental) podría entrañar, según Diouf, “un forma de neocolonialismo: Estados pobres produciendo alimentos para los países ricos a expensas de su propia población hambrienta”.

En una gran parte del Africa subsahariana: Mozambique, Sudán del Sur, Tanzania, Etiopía, Uganda, Zambia, Liberia, Madagascar, Uganda, Congo… se está produciendo un auge de compra de tierras por parte de países y compañías extranjeras que, según el Banco Mundial, en la mayoría de los casos implica el desplazamiento de las comunidades locales y de sus cultivos tradicionales para la fabricación de biodiesel, aceite de palma o para la producción intensiva de alimentos básicos como cereales o arroz, que luego son enviados a los países inversores. Según esta entidad, se exportan miles de toneladas de alimentos desde países que, paradójicamente, viven de la asistencia humanitaria internacional para combatir el hambre y la desnutrición.

Como formalmente las tierras son de propiedad estatal, son casi siempre los propios gobiernos, poco transparentes o directamente corruptos, quienes hacen las operaciones al margen de la población. Por ejemplo, en Etiopía, el quinto país más hambriento del mundo, que está afectado por la hambruna que sacude el cuerno de África, y donde unos 13 millones de habitantes dependen de la ayuda humanitaria para comer, el Gobierno acaba de ceder más de 40.000 kilómetros cuadrados de tierras, que han ido a parar sobre todo a inversores indios.

Nyikaw Ochalla, director de la Organización para la Supervivencia Anywaa, denuncia: “Se deja a las comunidades locales fuera de la toma de decisiones, y lo que ocurre es que un día esta gente ve una larga fila de tractores que está despejando las tierras. Y cuando preguntan al Gobierno regional qué está ocurriendo, nadie sabe nada, porque la negociación la han llevado a cabo sólo una o dos personas en su propio beneficio“.

Más de la mitad de la tierra cultivable de Madagascar se dedica a reservas de alimentos para Corea del Sur

Según el diario británico The Guardian, “la escalada de los precios alimentarios a escala mundial ha desencadenado una segunda invasión de África“. A mediados del mes pasado, la empresa surcoreana Daewoo Logistics obtuvo del Gobierno de Madagascar la concesión de un millón de hectáreas durante un plazo de 99 años para cultivar 5 millones de toneladas anuales de maíz, y otras 120.000 hectáreas para producir aceite de palma; en total, más de la mitad de las tierras cultivables de la isla, destinadas a las reservas alimentarias de Corea del Sur.

Sudán del Sur se dispone a ceder a los inversores extranjeros unas 900.000 hectáreas de tierra y otro tanto va a producirse en Tanzania.

La República Democrática del Congo, que se desangró hasta hace poco en guerras de exterminio, tiene la mitad de sus tierras cultivables en manos de inversores extranjeros, que las utilizan para cultivar agrocombustibles, productos de exportación, o para especular con los alimentos y sus precios en las bolsas internacionales.

Según un informe que acaba de difundir la FAO sobre “El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo”, el alza mundial de precios en los alimentos como el arroz, trigo, maiz y semillas oleaginosas seguirá aumentando hasta cerca de un 50% de aquí a 2020, debido a laespeculación en los mercados, que se han dirigido en estampida desde los mercados de valores a los mercados de materias primas. Y ésa, junto a las previsiones para el futuro de los gigantes asiáticos y de los países árabes más ricos, es la causa de las operaciones de compras invasivas de territorios que se están produciendo en África y que se anuncian en América Latina.

La FAO también presentó hace unos días en Santiago de Chile un informe en el que denuncia “intensos procesos de concentración y extranjerización de tierras en América Latina y el Caribe“. El funcionario de este organismo Fernando Soto Baquero advertía: “Los gobiernos de la región deben encontrar las formas para asegurar que estos procesos no tengan efectos negativos sobre la seguridad alimentaria”.

 China, Corea del Sur, Arabia Saudí, Qatar y fondos especulativos compran tierras en América Latina

Las agencias internacionales dan cuenta de que compañías de India están recorriendo América Latina en busca de oportunidades para adquirir tierras que les aseguren el suministro de materias primas. Ya han adquirido 13.000 hectáreas en Brasil y 600.000 en Argentina. Por su parte, China, Corea del Sur, Arabia Saudí, Qatar, y operadores al servicio de fondos especulativos están realizando operaciones de compra de territorio latinoamericano con un alcance todavía no cuantificado por los organismos internacionales.

Sobre el factor especulativo en la venta o enajenación de amplios territorios en los continentes africano y americano, es muy interesante el trabajo de Carlos Enrique Bayo, que titulaba una reciente columna: Goldman Sachs se forra provocando hambrunas . Bayo describe cómo el mayor banco financiero del mundo se inventó el instrumento especulativo que ha disparado los precios mundiales de alimentos. En 1991, los banqueros neoyorquinos crearon un nuevo instrumento especulativo, el “Goldman Sachs Commodity Index”, un índice de 18 productos básicos -del trigo, el cacao, el cerdo, el arroz o el café, al cobre y el petróleo- para que los brokerspudieran jugar también en lo que hasta entonces era un mercado especializado.

La “financiarización” de los mercados de productos básicos

Así se llegó a lo que los expertos de la Conferencia sobre Comercio y Desarrollo de Naciones Unidas (UNCTAD) han denominado “financiarización” de los mercados de los productos de primera necesidad y que ha conducido a que en la primera década de este siglo los precios medios del trigo o el arroz se triplicaran a causa de la especulación bursátil, y que durante el pasado año los precios de los cereales aumentaran en más de un 60%. Según el experto de este organismo de Naciones Unidas Joerg Mayer, “el mercado de los alimentos se ha convertido en un casino”, mientras mil millones de personas se acuestan cada día con hambre en los países vulnerables que van siendo vaciados de sus posibilidades de sostenimiento por la adquisición extranjera de sus tierras más fértiles.

Las “cumbres” destinadas a la materia fracasan una tras otra. Ya casi no se habla de los famosos “objetivos del milenio”. En la última del G-20 en Roma, el ministro de Agricultura del Gobierno conservador francés, Bruno Le Maire, trató de encender la alarma: “Si no tomamos medidas oportunas ahora, la hambruna se convertirá en el mayor escándalo de este siglo“. Los mercados caminan en otra dirección.

Fonte: http://www.publico.es/internacional/445985/continentes-en-venta

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Canto da Sereia ou Conto da Carochinha? Consolidar o modelo capitalista neo-liberal, no qual vivemos, e que agora quer se camuflar de Economia Verde, passa bem longe da construção de um mundo sem miséria, sem fome. Tais mazelas são inerentes ao modelo, assim como o é a degradação ambiental.

O que diz a figura abaixo é um alerta para que estejamos atentos a tais promessas, as quais cada vez mais irão reverberar em função da Rio +20, a qual nem pretende buscar uma avaliação dos 20 anos de poucos avanços da esperançosa Eco-92.

“Recentemente gastaram 3 trilhões de dólares em pacotes de estímulos econômicos para recuperar os bancos. 1% deste valor poderia alimentar 59 milhões de crianças famintas por um ano”.

 

A execução de políticas públicas que sejam capazes de proteger o meio ambiente e ao mesmo tempo estimular atividades de inclusão da população pobre na formação do Produto Interno Bruto (PIB) será uma das principais propostas a serem encaminhadas pelo Brasil, em novembro, à Organização das Nações Unidas (ONU) para as discussões da Conferência das Nações Unidas sobre o Desenvolvimento Sustentável (Rio+20).

A proposta foi defendida nesta terça-feira (9) por representantes do governo federal, na Conferência Ethos, Empresas e Responsabilidade Social 2011, realizado pelo Instituto Ethos, na sede da Federação do Comércio do Estado de São Paulo.

Durante o encontro, a ministra Meio Ambiente, Izabella Teixeira, disse que o Brasil tem mais condições do que qualquer outro lugar do planeta de mostrar ao mundo capacidade para manter a trajetória de crescimento econômico sem comprometer a biodiversidade. Ela cobrou ousadia do país nos debates da conferência, destacando que “o Brasil tem como liderar em projetos de crescimento sustentado e no desafio da erradicação da miséria”.

Para a ministra, é necessário, no entanto, criar uma lei que “dê segurança jurídica para uma visão de políticas públicas e para o investimento por parte do setor privado e para o financiamento de todos aqueles que querem plantar, reflorestar e manejar”. Ela acredita que o país pode se desenvolver sem desmatamento ilegal. “Nossa proposta é trabalhar junto com o setor privado”.

Também presente ao encontro, a ministra Tereza Campello, do Desenvolvimento Social e Combate à Fome, observou que apesar de o governo ter tido êxito na política de redução da pobreza, com a retirada de 28 milhões de pessoas da situação de extrema pobreza, ainda existem 16,2 milhões de pessoas vivendo na miséria, com renda per capita abaixo de R$ 70.

Ela enfatizou que esse universo de pessoas não foi favorecido com as chances oferecidas no “apagão da mão de obra” por falta de qualificação. E que por isto mesmo, o governo tem trabalhado para reverter este quadro concentrado em três eixos: transferência de renda; inclusão produtiva e ampliação do acesso aos serviços públicos.”Nós temos que ir atrás dessa população”, disse.

Segundo a ministra, o governo está trabalhando em medidas para que a agricultura familiar ganhe espaço no suprimento de produtos para o mercado doméstico como um meio de geração de renda. No meio rural, 25% da população estão em situação de extrema pobreza.

Fonte: Marli Moreira/ Agência Brasil

Os porquês da fome

por Esther Vivas

Vivemos em um mundo de abundância. Hoje se produz comida para 12 bilhões de pessoas, segundo dados da Organização das Nações Unidas para a Agricultura e a Alimentação (FAO), quando no planeta habitam 7 bilhões. Comida, existe. Então, por que uma em cada sete pessoas no mundo passa fome?

A emergência alimentar que afeta mais de 10 milhões de pessoas no Chifre da África voltou colocar na atualidade a fatalidade de uma catástrofe que não tem nada de natural. Secas, inundações, conflitos bélicos… contribuem para agudizar uma situação de extrema vulnerabilidade alimentar, mas não são os únicos fatores que a explicam.

A situação de fome no Chifre da África não é novidade. Somália vive uma situação de insegurança alimentar ha 20 anos. E, periodicamente, os meios de comunicação removem nossos confortáveis sofás e nos recordam o impacto dramático da fome no mundo. Em 1984, quase um milhão de pessoas mortas na Etiópia; em 1992, 300 mil somalenses faleceram por causa da fome; em 2005, quase cinco milhões de pessoas a beira da morte no Malaui, só para citar alguns casos.

A fome não é uma fatalidade inevitável que afeta a determinados países. As causas da fome são políticas. Quem controla os recursos naturais(terra, água, sementes) que permitem a produção de comida? A quem beneficiam as políticas agrícolas e alimentares? Hoja, os alimentos se converteram em uma mercadoria e sua função principal, alimentar-nos, ficou em segundo plano.

Se aponta a seca, com a consequente perda de colheitas e gado, como um dos principais desencadeadores da fome no Chifre da África, mas como se explica que países como Estados Unidos o Austrália, que sofrem periodicamente secas severas, não sofram fomes extremas? Evidentemente, os fenômenos meteorológicos podem agravar os problemas alimentares, mas não bastam para explicar as causas da fome. No que diz respeito a produção de alimentos, o controle dos recursos naturais é chave para entender quem e para quê se produz.

Em muitos países do Chifre da África, o acesso a terra é um bem escaso. A compra massiva de solo fértil por parte de investidores estrangeiros (agroindústria, Governos, fundos especulativos…) têm provocado a expulsão de milhares de camponeses de suas terras, diminuindo a capacidade destes países para se auto-abastecerem. Asim, enquanto o Programa Mundial de Alimentos tenta dar de comer a milhões de refugiados no Sudão, se dá o paradoxo de que governos estrangeiros (Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Coreia…) os compram terras para produzir e exportar alimentos para suas populações.

Asim mesmo, ha que recordar que Somália, apesar das secas recorrentes, foi um país auto-suficiente na produção de alimentos até o final dos anos setenta. Sua soberania alimentar foi arrebatada em décadas posteriores. A partir dos anos oitenta, as políticas impostas pelo Fundo Monetário Internacional e o Banco Mundial para que o país pagasse sua dívida com o Clube de Paris, forçaram a aplicação de um conjunto de medidas de ajuste. No que se refere a agricultura, estas implicaram uma política de liberalização comercial e abertura de seus mercados, permitindo a entrada massiva de produtos subvencionados, como o arroz e o trigo, de multinacionais agro-industriais norte-americanas e europeias, que começaram a vender seus produtos por debaixo de seu preço de custo e fazendo a competição desleal com os produtores autóctonos. As desvalorizações periódicas da moeda somalense geraram também a alta do preço dos insumos e o fomento de uma política de monocultivos para a exportação forçou, paulatinamente, o abandono do campo. Histórias parecidas se deram não só nos países da África, mas também na América Latina e Ásia.

A subida do preço de cereais básicos é outro dos elementos assinalados como detonante da fome no Chifre da África. na Somália, o preço do milho e o sorgo vermelho aumentou 106% e 180% respectivamente em apenas um ano. Na Etiópia, o custo do trigo subiu 85% em relação ao ano anterior. E no Quênia, o milho alcançou um valor 55% superior ao de 2010. Uma alta que converteu estes alimentos em inacessíveis. Mas, quais são as razões da escalada dos preços? Vários indícios apontam a especulação financeira com as matérias primas alimentares como uma das causas principais.

O preço dos alimentos se determina nas Bolsas de valores, a mais importante das quais, a nível mundial, é a de Chicago, enquanto que na Europa os alimentos se comercializam nas Bolsas de futuros de Londres, Paris, Amsterdam e Frankfurt. Mas, hoje em dia, a maior parte da compra e venda destas mercadorias não corresponde a intercâmbios comerciais reais. Se calcula que, nas palavras de Mike Masters, do hedge fund Masters Capital Management, 75% do investimento financeiro no setor agrícola é de caráter especulativo. Se compram e vendem matérias primas com o objetivo de especular e fazer negócio, repercutindo finalmente em um aumento do preço da comida para o consumidor final. Os mesmos bancos, fundos de alto risco, companhias de seguros, que causaram a crise das hipotecas subprime, são quem hoje especula com a comida, aproveitandp-se dos mercados globais profundamente desregularizados e altamente rentáveis.

A crise alimentar em escala global e a fome no Chifre da África em particular são resultado da globalização alimentar a serviço dos interesses privados. A cadeia de produção, distribuição e consumo de alimentos está nas mãos de umas poucas multinacionais que antepõem seus interesses particulares às necessidades coletivas e que ao largo das últimas décadas têm erosionado, com o apoio des instituições financeiras internacionais, a capacidade dos Estados do sul para decidir sobre suas políticas agrícolas e alimentares.

Voltando ao princípio, Por quê existe fome em um mundo de abundância? A produção de alimentos se multiplicou por três desde os anos sessenta, enquanto que a população mundial tão só duplicou desde então. Não estamos enfrentando um problema de produção de comida, mas sim um problema de acesso. Como assinalou o relator da ONU para o direito a alimentação, Olivier de Schutter, em uma entrevista a EL PAÍS: “A fome é um problema político. E uma questão de justiça social e políticas de redistribuição”.

Se queremos acabar com a fome no mundo é urgente apostar por outras políticas agrícolas e alimentares que coloquem no seu centro as pessoas, as suas necessidades, a aqueles que trabalham a terra e o eco-sistema. Apostar pelo que o movimento internacional da Vía Campesina chama a “soberania alimentar”, e recuperar a capacidade de decidir sobre aquilo que comemos. Tomando emprestado um dos lemas mais conhecidos do Movimiento 15-M, é necessário uma “democracia real,já” na agricultura e na alimentação.

*Esther Vivas, do Centro de Estudos sobre Movimentos Sociais da Universidad Pompeu Fabra. Artigo em El País, 30/07/2011.

***Tradução português : Paulo Marques para o blog http://www.economiasocialistads.blogspot.com

A soberania alimentar como alternativa

por Esther Vivas

A globalização neoliberal, em sua trajetória para privatizar todos os âmbitos da vida, fez o mesmo com a agricultura e os bens naturais, submetendo à fome e à pobreza a uma imensa da população mundial. Calcula-se hoje que no mundo há 925 milhões de pessoas famintas, segundo dados da FAO, quando, paradoxalmente, se produz mais alimentos que nunca na História.

Como indica a organização internacional GRAIN, a produção de comida se multiplicou por três desde os anos 60, enquanto a população mundial foi apenas duplicada desde então, mas os mecanismos de produção, distribuição e consumo, ao serviço dos interesses privados, impedem aos mais pobres a obtenção necessária de alimentos.

O acesso, por parte do pequeno campesinato, à terra, à água, às sementes… não é um direito garantido. Os consumidores não sabem de onde vem aquilo que comemos, não podemos escolher consumir produtos livres de transgênicos. A cadeia agro-alimentar se alargou progressivamente, afastando, cada vez mais, produção e consumo; favorecendo a apropriação das diferentes etapas da cadeia por empresas agroindustriais, com a consequente perda de autonomia camponesa e consumidora.

Frente a este modelo dominante do agronegócio, onde a busca do benefício econômico se antepõe às necessidades alimentares das pessoas e ao respeito ao meio ambiente, surge o paradigma alternativo da soberania alimentar. Uma proposta que reivindica o direito de cada povo de definir as suas políticas agrícolas e alimentares, de controlar o seu mercado interno, de impedir a entrada de produtos excedentes através de mecanismos de “dumping”, de promover uma agricultura local, diversificada, camponesa e sustentável, que respeita o território, compreendendo o comércio internacional como um complemento à produção local. A soberania alimentar implica restituir o controlo dos bens naturais (como a terra, a água e as sementes) às comunidades e lutar contra a privatização da vida.

Para além da segurança alimentar
Trata-se de um conceito que vai para além da proposta de segurança alimentar, defendida pela FAO a partir dos anos 70 com o objetivo de garantir o direito e o acesso à alimentação a toda a população. A segurança alimentar não representa um paradigma alternativo ao não questionar o atual modelo de produção, distribuição e consumo, e tem sido, frequentemente, privada de seu significado original. A soberania alimentar, por sua vez, inclui esta proposta: garantir que todos possam comer, ao mesmo tempo em que se opõe ao sistema agro-industrial dominante e às políticas das instituições internacionais que lhe dão apoio.

Atingir este objetivo requer uma estratégia de ruptura com as políticas agrícolas neoliberais impostas pela Organização Mundial do Comércio, o Banco Mundial e o Fundo Monetário Internacional, que corroeu a soberania alimentar dos povos a partir dos seus ditames de livre comércio, dos planos de ajuste estrutural, endividamento externo, etc. Frente a estas políticas, é necessário produzir mecanismos de intervenção e de regulamento que permitam estabilizar os preços, controlar as importações, estabelecer cotas, proibir o “dumping” e, em momentos de super-produção, criar reservas específicas para quando estes alimentos faltarem. Em nível nacional, os países devem ser soberanos no momento de decidir o seu grau de auto-suficiência produtiva e priorizar a produção de comida para o consumo doméstico, sem intervencionismo externo.

Afirmar a soberania alimentar não implica um regresso romântico ao passado, mas trata-se de recuperar o conhecimento e as práticas tradicionais, combinando-as com as novas tecnologias e os novos conhecimentos. Não deve consistir, tampouco, numa abordagem localizada, nem em uma “mistificação do pequeno”, mas em repensar o sistema alimentar mundial para favorecer formas democráticas de produção e distribuição de alimentos.

Uma perspectiva feminista
Avançar na construção de alternativas ao atual modelo agrícola e alimentar implica incorporar uma perspectiva de gênero. Trata-se de reconhecer o papel que as mulheres têm no cultivo e na comercialização daquilo que comemos. Entre 60 e 80% da produção dos alimentos nos países do Sul, de acordo com dados da FAO, recai sobre as mulheres. Elas são as principais produtoras de cultivos básicos como o arroz, o trigo e o milho, que alimentam as populações mais empobrecidas do Sul global. Mas, apesar do seu papel chave na agricultura e na alimentação, elas são, junto com as crianças, as mais afetadas pela fome.

As mulheres, em muitos países da África, Ásia e América Latina, enfrentam enormes dificuldades para ter acesso a terra, obter créditos, etc. Mas estes problemas não acontecem somente no Sul. Na Europa, muitas camponesas sofrem de uma total insegurança jurídica, já que a maioria delas trabalha em unidades produtivas familiares, onde os direitos administrativos são propriedade exclusiva do titular da unidade e as mulheres, embora trabalhando nela, não têm direito a ajudas, à plantação, a uma cota-parte, etc.

A soberania alimentar deve romper não somente com um modelo agrícola capitalista, mas também com um sistema patriarcal, profundamente arraigado na nossa sociedade, que oprime e submete as mulheres. Uma soberania alimentar que não inclui uma perspectiva feminista, estará condenada ao fracasso.

A Via Campesina
O conceito de soberania alimentar foi proposto pelo movimento internacional da Via Campesina, no ano 1996, coincidindo com a Cúpula Mundial sobre a Alimentação da FAO, em Roma. A Via Campesina agrupa 150 organizações camponesas de 56 países. Foi constituída em 1993, no início do movimento antiglobalização, e, progressivamente, se converteria em uma das organizações de referência na crítica à globalização neoliberal. Seu ascenso é a expressão da resistência camponesa ao colapso do mundo rural, provocado pelas políticas neoliberais e sua intensificação com a criação da Organização Mundial do Comércio.

A composição de membros da Via é bastante heterogênea, em termos de procedência ideológica e de setores representados (sem terra, pequenos camponeses…); mas todos coincidem em pertencer às parcelas camponesas mais golpeadas devido ao avanço da globalização neoliberal. Uma das suas conquistas foi a de superar, de maneira bastante satisfatória, a lacuna entre os camponeses do Norte e do Sul, articulando uma resistência conjunta ao atual modelo de liberalização econômica.

Desde a sua criação, a Via criou uma identidade “camponesa” politizada, ligação à terra e à produção de alimentos, construída em oposição ao atual modelo do agronegócio e com base na defesa da soberania alimentar. A Via encarna um novo tipo de “internacionalismo camponês” que podemos conceitualizar como “o componente camponês” do novo internacionalismo das resistências, representado pelo movimento altermundialista.

Uma opção viável
Um dos argumentos que utilizam os detratores da soberania alimentar é que a agricultura ecológica é incapaz de alimentar o mundo. Mas, contrariamente a este discurso, vários estudos demonstram que tal afirmação é falsa. Isso foi constatado pelos resultados de uma exaustiva consulta internacional promovida pelo Banco Mundial, em parceria com a FAO, o PNUD, a UNESCO, representantes de governos, instituições privadas, cientistas sociais, etc., concebida como um modelo de consultoria híbrida, com o nome de IAASTD, que envolveu mais de 400 cientistas e peritos em alimentação e desenvolvimento rural durante quatro anos.

É interessante observar, embora o relatório tivesse por trás de si estas instituições, que a conclusão é de que a produção agroecológica garante uma renda alimentar e monetária aos mais pobres , ao mesmo tempo que produz excedentes para o mercado, sendo uma melhor garantia para a segurança alimentar do que a produção transgênica. O relatório do IAASTD, publicado no início de 2009, apostava na produção local, camponesa e familiar, e na redistribuição de terras para as mãos das comunidades rurais. O relatório foi rejeitado pelo agronegócio e foi arquivado pelo Banco Mundial, embora 61 governos o tenham aprovado discretamente, com exceção dos Estados Unidos, do Canadá e da Austrália, entre outros

Na mesma linha, posicionava-se um estudo da Universidade de Michigan, publicado em junho de 2007 pela revista Journal Renewable Agriculture and Food Systems, que comparava a produção agrícola convencional com a ecológica. O relatório concluiu que as granjas agroecológicas eram altamente produtivas e capazes de garantir a segurança alimentar em todo o planeta, contrariamente à produção agrícola industrializada e o livre comércio. As suas conclusões indicavam, incluindo as estimativas mais conservadoras, que a agricultura orgânica podia fornecer, pelo menos, tanta comida quanto a que é produzida atualmente, embora os seus investigadores considerem, como estimativa mais realista, que a agricultura ecológica podia aumentar a produção global de comida em até 50%.

Vários estudos demonstram como a produção camponesa em pequena escala pode ter um elevado rendimento, ao mesmo tempo em que usa menos combustíveis fósseis, especialmente se os alimentos forem comercializados local ou regionalmente. Por conseguinte, investir na produção camponesa familiar é a melhor opção para lutar contra a mudança climática e acabar com a pobreza e a fome, garantindo o acesso aos bens naturais, ainda mais quando ¾ das pessoas mais pobres do mundo são pequenos camponeses.

No âmbito da comercialização, tem-se mostrado fundamental para quebrar com o monopólio da grande distribuição, apostar nos circuitos curtos de comercialização (mercados locais, venda direta, grupos e cooperativas de consumo agroecológico…), evitando intermediários e estabelecendo relações próximas entre produtor e consumidor, baseadas na confiança e no conhecimento mútuo, que conduzam a uma crescente solidariedade entre o campo e a cidade.

Neste sentido, é necessário que as políticas públicas se façam eco das demandas destes movimentos sociais e apóiem um modelo agrícola local, camponês, diversificado, orgânico e que se proíba os transgênicos, se promova bancos de terras, uma lei de produção artesanal, um mundo rural vivo… Finalmente, uma prática política a serviço dos povos e do ecossistema.

*Artigo publicado como epílogo do livro “Qué son los transgénicos” (O que são os Transgênicos) de Jorge Riechmann (RBA Libros, 2011).

** Tradução ao português: Tárzia Medeiros

+ informações: http://esthervivas.wordpress.com/portugues

É no mercado de valores que se comercializam alimentos e são determinados os preços dos mesmos para milhões de pessoas. Por conta disso, mesmo com a enorme quantidade produzida anualmente, suficiente para alimentar muito a atual população mundial, se desenha no horizonte que a próxima crise mundial será de outro tipo: uma crise de alimentos.

Especular com a fome: o mundo frente à próxima crise alimentícia

Por Michael R. Krätke

A história alguns já conhecem: um ambicioso jovem dramaturgo quer escrever uma obra sobre os gananciosos heróis do mundo das finanças. O escritor quer entender o que motiva seu herói. Mas ninguém pode explicar a ele que é o que decide o curso das bolsas de valores. A bolsa de cereais de Chicago se mostra incompreensível, cada razão apresentada é uma “montanha de grãos” através da qual não se consegue ver sequer os próprios atores implicados. O autor, Bertolt Brecht, se deu por vencido e começou a estudar Marx. Foi quando, em suas próprias palavras, compreendeu de verdade sua própria obra. Tudo isso ocorre em 1928, ano imediatamente anterior ao início da Grande Depressão.

Os negócios nas bolsas podem levar à morte. Porque no mercado de valores se comercializa também com alimentos e se determina o preço dos mesmos para milhões de pessoas. Em nossas latitudes, a pobreza não equivale morrer de fome literalmente. Mas para bilhões de pessoas a desnutrição é algo muito real. Igual a enorme quantidade de alimentos que são produzidos anualmente, suficientes para alimentar muito mais gente das que constituem a atual população mundial. Apesar de tudo isso se desenha no horizonte que a próxima crise mundial será de outro tipo: uma crise de alimentos.

Uma vez mais
Há poucos dias milhares de pessoas na capital moçambicana de Maputo protestavam contra o aumento do preço do pão e da energia. A polícia disparou contra os manifestantes. Houve no mínimo dez mortos. Já em 2007 e 2008 os preços dos alimentos aumentaram dramaticamente. O preço do trigo, do arroz e do milho triplicou, como não se via há 30 anos. O preço do arroz, por exemplo, aumentou quase 180% em menos de dois anos. Todos prestam atenção à crise financeira e bancária enquanto se inicia uma crise de alimentos de extensão inimaginável. Ao menos 120 milhões de pessoas vivem em condição de pobreza. Graças à globalização muitos países do Sul deixaram de exportar alimentos e devem importá-los. A fome faz com que motins explodam: revoltas já foram registradas em mais de 30 Estados.

Enquanto a Alemanha assegura que a economia está se recuperando, os preços do café, do cacau, do açúcar e dos produtos lácteos disparam em cadeia por todo o mundo. O mesmo vale para os futuros mercados de cereais, soja e arroz. Os principais centros comerciais se encontram em Nova Iorque (NYMEX/COMEX) e em Chicago, onde opera a Câmara de Comércio de Chicago (CBOT, em inglês) fundada em 1848, e a Chicago Mercantil Exchange (CME), fundada em 1898. Na Europa, os alimentos e matérias-primas se comercializam nas bolsas de futuros de Londres, Paris (Matif), Amsterdã e Frankfurt am Main (Eurex), também em Mannheim e, desde 1998, também em Hannover. Em toda parte se comercializam produtos agrícolas, mas não de maneira presente a natural, e sim a muita distância e em unidades especializadas. Os contratos de compra e venda se fixam para uma data determinada e no futuro recebem justamente esse nome: “futuros”. Assim se pode, por exemplo, comercializar cereais antes da colheita: um negócio especulativo com os ingressos e preços dos produtos agrícolas dos próximos meses.

O preço do pão
No final de 2007 os principais atores do mercado financeiro (não somente os hedge fonds) fugiram às pressas dos desequilíbrios causados pela crise financeira. As bolsas de mercadorias a futuros se viram abarrotadas e a conseqüência foi uma explosão do preço das matérias-primas e do petróleo. Inevitavelmente, aumentaram os preços de todas as mercadorias comercializadas nas bolsas de valores normais. Fundos como os criados pelos bancos subiram a outro patamar apesar da crise. Na Alemanha, o Deutsche Bank fazia publicidade aos investidores anunciando brilhantes perspectivas de ganho graças à alta dos preços de produtos agrícolas.

A ministra alemã de Agricultura, Ilse Aigner (CSU), anunciou recentemente que quer promover uma campanha contra a especulação abusiva nos mercados agrícolas no encontro agrário que será realizado em janeiro de 2011 em Berlim e também no encontro do G-20 em junho de 2011. Mas Aigner traiu suas próprias promessas rapidamente, pois até aqui não conta nem com propostas nem com conceitos. O tema é para ela “muito complexo”. E, além disso, e o governo federal o trata com calma. Porque em setembro de 2010 o pânico se dissipou novamente com uma ameaçadora bancarrota estatal na Grécia, Espanha e Portugal, de modo que o custo tanto dos empréstimos do Estado como as taxas de juros baixaram aos poucos. Mas até assim os especuladores, depois de pilharem os Estados, cada vez mais endividados, retornaram às bolsas de futuros para sobreviverem a base de comércio com alimentos e matérias-primas. Os chineses e os brasileiros experimentam pequenos milagres econômicos em seus respectivos países. Uma boa e abundante comida é um símbolo importante de status social, muito mais importante ainda que o automóvel. Uma razão a mais para verem lucrativas possibilidades de investimentos que sobretudo proporcionem ganhos rápidos: os agrofuturos satisfazem plenamente esse objetivo.

A aposentadoria dos especuladores
Em 2007 e 2008 houve mais colheitas de cereais na Austrália, um dos maiores exportadores de grãos do mundo. Em 2010, ocorreu uma seca catastrófica na Rússia. As perdas de colheitas dispararam o preço do pão em mais de 20% na Rússia. Se o governo de Moscou restringirá ou não o comércio – o primeiro ministro Vladimir Putin prolongou de imediato a proibição de exportação de grãos –, é algo que preocupa os especuladores em aposentadoria. Não se comercializa com todos os alimentos nas bolsas futuras, mas sim com os mais importantes para a nutrição da população mundial, como o trigo, o arroz, a soja e o milho.

As autoridades reguladoras da Commodity Futures Trade Comission (CFTC), que centra sua atenção nas bolsas de futuro dos EUA, constataram repetidamente que a determinação dos preços dos agrofuturos não tem nada a ver com a oferta e demanda nem as estimas de colheita e vendas. Os modos dos mercados fazem flutuar os preços radicalmente. Ainda que a produção de alimentos cresça pouco ou seja estanque, as cifras dos agrofuturos se multiplicam e se multiplicam. Se há alguns anos se comercializava ainda com umas 30 mil ações de futuros em trigo ao dia em Chicago, hoje subiram mais de 250 mil.

Obviamente os grandes senhores, como o Deutsche Bank ou o BN Paribas,  especulam com elas, mas não com seu próprio nome, e sim através de fundos especiais criados para isso, que especulam com um pacote de produtos agrícolas. Seus resultados dispararam meteoricamente nos últimos anos. Quanto mais especuladores se encaminham às bolsas, mais demolidores são os efeitos de sua atividade nos preços dos alimentos. Só 2% dos agrofuturos negociados conduzem a uma transação real das mercadorias – isto é: à entrega da mercadoria em troca de dinheiro antes que a data de contrato expire. Todo o resto é pura especulação – com o aumento ou a baixa dos preços – e só serve para o enriquecimento.

A dança de São Vito das bolsas
O índice de preços dos alimentos da Organização das Nações Unidas para a Agricultura e Alimentação (FAO) calculou o preço de uma cesta com os alimentos mais importantes do planeta Terra, dos quais – ainda que nem todos sejam comercializados nas bolsas – aumentam seus preços sem aparentemente tocar o teto. Assim, nos países mais pobres aumentaram de 2007 a 2009 os preços dos alimentos entre 30% e 37% e em 2008 de novo entre 37% e 40%. Segue uma certa recuperação no verão de 2009, mas desde desembro de 2009 a tendência do índice da FAO aponta novamente para um aumento.

Os especialistas da FAO advertem sobre as cifras da próxima crise de fome, que dificilmente poderá ser freada. A especulação praticamente sem riscos nas bolsas de futuros é um negócio multimilionário e que necessita ainda de menos capital do que no comércio de ações. O negócio corrompe a existência de uma produção sustentável, porque em todo o mundo os camponeses tentam seguir o baile de São Vito das bolsas para poder conseguir ao menos os restos. Más notícias, pois, para os pobres desse mundo: eles pagam a conta do rally nas bolsas de futuros. E o fazem com milhões de famintos, com dezenas de milhares de mortos.

Michael R. Krätke, membro do Conselho Editorial de SINPERMISO, é professor de política econômica e direito fiscal na Universidade de Amsterdã, investigador associado ao Instituo Internacional de História Social dessa mesma cidade e catedrático de economia política e diretor do Instituo de Estudos Superiores da Universidade de Lancaster no Reino Unido.

Fonte Revista Fórum AQUI

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Entrevista de Esther Vivas na revista The Ecologist

Esther Vivas é uma velha conhecida de The Ecologist. Agora, junto a Josep Maria Antentas, acaba de publicar o livro Resistências Globais. De Seatle à crise de Wall Street. Em seu foco, desde muito tempo, está o sistema agroalimentar global. Obesidade e fome são conseqüências de um modelo criminoso em grande escala.

Efetivamente, Esther Vivas é bem conhecida do The Ecologist. Por seus artigos de opinião e por seu ativismo. Entre seus trabalhos jornalísticos recentes, destacamos a entrevista com Teresa Forcades. Nela, a conhecida freira beneditina sentencia: “ Estamos em um contexto onde se tomam decisões em níveis cada vez mais distantes da cidadania. Com o Tratado de Lisboa isso será aprofundado. É um processo que vai mais rápido que a consciência que temos do mesmo. No caso da gripe A, têm existido alguns consensos estranhos e uma falta de debate no terreno político, que somente foi rompido um pouco quando saiu a ministra polonesa questionando essas políticas” . Também acontece isso na agroalimentação. As decisões se tomam sem ter em conta as necessidades dos cidadãos e olhando somente os interesses das grandes companhias do setor.

[ Tradução português: Paulo Marques para http://www.brasilautogestionario.org ]

The Ecologist: Aumentam a desnutrição e a obesidade ao mesmo tempo. Estas duas histórias, têm uma mesma origem?

Esther Vivas: A fome e a obesidade são duas caras de uma mesma moeda, de um sistema agroalimentar privatizado e mercantil. Hoje, a produção agrícola já não responde a nossas necessidades alimentares mas sim está subordinada aos interesses econômicos da indústria agroalimentar. Esta lógica nos têm conduzido a uma situação de grave crise alimentar, onde uma de cada seis pessoas no mundo passa fome, apesar de que se produz mais que em qualquer outro período da história, mas, se você não têm dinheiro suficiente para pagar o preço dos alimentos, não comes. Isto é o que aconteceu com o estouro da crise alimentar dos anos 2007 e 2008, com um aumento espetacular dos preços.

Uma situação de fome que persiste na atualidade. Ao mesmo tempo, os alimentos se produzem, se transformam e se distribuem ao menor custo empresarial possível, explorando todos os atores que participam na cadeia comercial da origem ao fim e estabelecendo um alto diferencial entre o preço pago na origem e no destino.

Isto repercute também na qualidade dos alimentos, já que seu objetivo já não é alimentar-nos de uma forma saudável mas sim reduzir seu custo produtivo. A maior parte dos alimentos que comemos estão altamente processados, com uma quantidade importante de aditivos ( colorantes, edulcorantes, conservantes), transgênicos…e isto repercute em nossa saúde, gerando graves problemas cardiovasculares, de colesterol, obesidade, alergias, entre outros. E são, majoritariamente, as famílias com menores recursos econômicos que mais sofrem as conseqüências deste modelo alimentar.

The Ecologist: Determinados estudos científicos mostram que comer produtos refinados, como açucar, saturado de gorduras… produtos que estão carregados de resíduos tóxicos… expõe nosso organismo a substancias químicas que podem atuar como disruptores hormonais que inibem a capacidade de nossos corpos de auto-regular seu peso. Mas, na realidade, os melhores alimentos não são os mais caros… A soberania alimentar é algo mais que o direito a comer o suficiente para sobreviver?

Esther Vivas: Efetivamente. A soberania não só exige que todo o mundo tenha acesso aos alimentos, senão que também proponha um modelo de produção, distribuição e consumo que situe em seu centro o pequeno produtor e nosso direito a comer alimentos sãos e saudáveis.

A soberania alimentar põe de ponta cabeça a lógica deslocalizadora, intensiva, quilométrica, petrodependente…que rege o sistema agroalimentar global, pondo em questão a privatização dos bens naturais ( a água, a terra, as sementes…) e o monopólio empresarial em toda a cadeia alimentar, assim como a convivência política e institucional com a mesma.

A soberania alimentar exige terra para quem nela trabalhe, sementes para quem as cultiva, alimentos saudáveis e de proximidade para quem os consome. Em suma, se reapropriar dos mecanismos de produção e distribuição de alimentos, que nunca deveriam nos ser espoliados.

The Ecologist: Se tanto a esquerda com seus modelos anti-tradicionalistas e a direita com seus modelos neoliberais têm colocado em questão o papel da família… Como as crianças podem aprender a alimentar-se se não há vida em família, alimentação em família?

Esther Vivas: O modo como nos alimentamos também têm sofrido uma mudança radical. A alimentação de nossos avós pouco têm a ver com a nossa, e tampouco tem passado tantos anos. Temos perdido em diversidade agroalimentar, conhecimento e qualidade e somos muito pouco conscientes disso. Isto tem sua face mais dramática nos países do Sul gravemente golpeados pela crise alimentar, ainda que nos afete aqui no Norte.

Nos vendem a ilusão de que nos supermercados podemos encontrar uma ampla gama de alimentos. Mas a realidade é outra, muito distinta. No estado espanhol, sete empresas controlam 75% da distribuição de comida e essa tendência têm crescido, e em quase todos os supermercados encontramos os mesmos produtos. Onde está, então a tal variedade? Temos que recuperar o controle da produção, a distribuição e o consumo de alimentos e o saber alimentar.

The Ecologist: O direito internacional garante a soberania interna e externa de um Estado. Mas, quem garante a sua soberania alimentar?

Esther Vivas: A soberania alimentar deveria estar garantida pelos Estados, mas hoje em dia os ditames da Organização Mundial do Comércio, do Banco Mundial e Fundo Monetário Internacional, com o beneplácito dos governos de distintos países, deixam a economia, a alimentação, o bem estar, a saúde, o meio ambiente… nas mãos do mercado. É necessário e urgente mudar essas políticas, mas para faze-lo é fundamental uma correlação de forças favoráveis em mãos dos “de baixo”, as e os resistentes. Há que trabalhar nesta direção.

The Ecologist: O que chega ao supermercado, as ofertas da semana, o que no final chega a nosso prato…Do que depende? Ou melhor dito, quem decide?

Esther Vivas: Se avaliamos que a população camponesa tende a desaparecer, que no Estado Espanhol tão só 5% da população ativa trabalha no campo, que se vive uma crescente “descamponização” …Então, de quem depende nossa alimentação? A resposta é clara: multinacionais como Cargill, Monsanto, Nestlé, Carrefour, Alcampo, entre muitas outras, acabam determinando o que se consome. Como, de onde provém e o que se paga. Portanto, nosso direito a alimentação, como temos visto com a crise alimentar global, está gravemente ameaçado.

The Ecologist: A Generalitat1 está proibindo que nas escolas entre “comida lixo” enquanto que em seus meios de informação fazem publicidade de todo tipo de produtos supostamente alimentares muito nocivos para a infância… O correto não seria fazer como na Alemanha e Itália em cujas escolas já existe alimentação ecológica em grande porcentagem, de caráter local e camponesa?

Esther Vivas: Poderíamos dizer que existe uma dupla moral. Desde as administrações públicas se faz propaganda da agricultura ecológica, mas suas políticas agrárias se subordinam aos interesses da indústria agroalimentar. Colocamos um exemplo: Na Catalunha, ao longo do ano de 2009, a Plataforma “Som lo que Sembrem” recolheu mais de 100 mil assinaturas impulsionando uma iniciativa Legislativa popular contra os transgênicos, mas quando esta chegou ao Parlamento Catalão foi rechaçada . Os parlamentares se agarraram aos interesses empresariais pró-transgênicos.

As regiões da Catalunha e Aragão são as zonas da Europa com a maior produção de transgênicos, inclusive com variedades proibidas em outros países europeus. A administração pública pode seguir falando de agricultura ecológica, mas se não for proibido os transgênicos, cedo ou tarde, com essa falsa co-existência, a agricultura convencional e ecológica desaparecerão.

As experiências dos restaurantes ecológicos na Itália são iniciativas que temos que ter em conta e seguir, uma vez que são uma das principais fontes de viabilidade da agricultura ecológica e camponesa na Itália. Tomemos nota.

Entrevista realizada por Pablo Bolaño e publicada na revista The Ecologist, nº41.
1/ Generalitat é a denominação do governo da Catalunha.

+ info: http://esthervivas.wordpress.com/portugues

1 bilhão de famintos contra as Cutrales do mundo

José Arbex Jr

“Pela primeira vez na história, mais de um bilhão de pessoas estão subnutridas no mundo inteiro. Isso representa cerca de 100 milhões a mais do que no ano passado e significa que uma a cada seis pessoas passa fome todos os dias. Este recente aumento da fome não tem sido consequência das fracas colheitas a nível global, mas sim resultado da crise econômica mundial, que tem reduzido rendas e oportunidades de emprego, assim como o acesso aos alimentos por parte da população mais pobre. (…) A crise espreita os pequenos agricultores e as áreas rurais aonde trabalham e vivem 70% das pessoas que passam fome no mundo.”

O diagnóstico é feito por Jacques Diouf, diretor geral da FAO (órgão da ONU para a agricultura e alimentos), durante a celebração do Dia Mundial da Alimentação (16 de outubro). Trata-se de uma crise “sem precedentes” na história mundial, afirma Diouf: entre 2006 e 2008, observou-se um aumento contínuo dos alimentos básicos. Notem a ironia: justamente nas áreas rurais, aquelas responsáveis pela produção de alimentos, “vivem 70% das pessoas que passam fome no mundo.”

“Na África Subsaariana, 80 a 90 % de todos os preços dos cereais monitorados pela FAO em 27 países, continuam sendo 25% mais altos do que antes do começo da crise dos alimentos, dois anos atrás. Na Ásia e na América Latina e o Caribe, os preços são monitorados num total de 31 países, e entre 40 e 80 % do preço dos cereais mantêm mais de 25 % mais alto do que no período pré crise dos alimentos. E a nível local, em alguns países, os preços dos alimentos básicos não sofreram qualquer tipo de baixa. Além disso, a produção continua sendo obstruída pelo aumento do custo dos insumos – 176 % no caso dos fertilizantes, 70% sementes, 75% ração para os animais, tornando o investimento na agricultura extremamente difícil.”

O que Diouf não diz diretamente, mas apenas nas entrelinhas de uma linguagem diplomática que causa náuseas, é que a razão para o aumento da fome e da subnutrição, especialmente no campo, é bastante simples: a crescente concentração de riqueza, traduzida na implantação de vastos latifúndios que exploram monoculturas. Se aumenta a produtividade do campo mediante o uso de tecnologias cada vez mais sofisticadas – afirmação, aliás, que deve ser analisada com muita cautela -, piora muito a situação de quem não tem acesso a essas mesmas tecnologias.

Um singelo dado, também divulgado pela FAO, mostra isso com grande clareza: em franco contraste com o crescimento da fome, da subnutrição e da pobreza nas áreas rurais, há um próspero crescimento das vendas de máquinas agrícolas cada vez mais sofisticadas, muitas delas guiadas por robôs orientados via satélite (com o sistema GPS). Entre 2000 e 2005, o comércio mundial de máquinas agrícolas cresceu à razão de 6% ao ano, muito mais do que a produção de comida no mesmo período (2,6% aa) e o da população mundial (1,2% aa). Entre 2005 e 2010, prevê-se um crescimento respectivo de 4,8%, 2,5% e 1,1%. Em termos absolutos, a demanda global por máquinas agrícolas cresceu de 53 bilhões de dólares em 2000 para 70 bilhões em 2005 e deverá chegar a 88 bilhões de dólares em 2010.

Mesmo levando-se em conta que as compras de máquinas pela Índia e pela China são, em boa parte, responsáveis pelo crescimento do setor, é óbvio que existe uma relação direta entre a crescente mecanização da agricultura e o aumento da fome, como conseqüência da concentração da propriedade e da renda. Nas grandes culturas mecanizadas, um único trabalhador pode cultivar cerca de 200 hectares, com altíssimo índice de produtividade (medido em toneladas de cereais por trabalhador por ano), graças a investimentos em tecnologia, bioquímica, seleção de sementes etc. Em contrapartida, menos da metade dos trabalhadores rurais dispõe de tração animal para tocar suas culturas, e cerca de 1/3 estão completamente à margem da “revolução verde”. São os camponeses pobres, que formam o vasto exército de seres humanos forçados, quando podem, a vender sua força de trabalho por valores aviltantes em grandes plantações (não raro, os “salários” situam-se no limite de 2 dólares diários, valor que serve de parâmetro de linha de pobreza para o Banco Mundial).

É óbvio que ninguém propõe, aqui, a destruição das máquinas e a volta à agricultura rudimentar como solução para a fome. Trata-se de fazer exatamente o oposto: colocar a máquina a serviço do ser humano. Para isso, comida teria que deixar de ser tratada como commodity, artigo de especulação negociado em mercados futuros, sem qualquer relação com a demanda real da população. O comércio da comida deveria ser submetido ao primado da segurança alimentar, priorizando o ser humano e não o lucro. Mas, no pé em que está o “mercado globalizado”, a FAO há tempos admite a barbárie: a Cúpula Mundial da Alimentação definiu, em 1995, o objetivo de reduzir pela metade, até 2015, o número de pessoas que passam fome no mundo. E o que fazer com a outra metade? Atenção: estamos falando de 500 milhões de seres humanos condenados à morte por fome (isto é, se fosse mesmo possível mitigar as demandas de proteína da outra metade, hipótese cada vez mais longínqua).

É esse, concretamente, o contexto em que atuam a Cutrale (grileira de terras públicas, exportadora de suco de laranja e superexplorada do trabalho de seus empregados) e outras agroempresas. Elas não têm nada que ver com a “alimentação do povo brasileiro” ou de quaisquer outros povos, como quer fazer crer a asquerosa campanha de mídia destinada a criminalizar o MST pela ocupação das terras da Cutrale. São empresas que se destinam ao ramo da especulação financeira, como qualquer banco ou corretora da bolsa de valores, com o agravante de que operam com uma mercadoria sagrada, o alimento, e exploram aquilo que deveria ser tratado como um bem comum: a terra.

A “mídia gorda” e seus especialistas ocultam a profunda, total e inegável relação entre a especulação com o alimento e a tragédia que envolve 1 bilhão de seres humanos famintos (e mais de dois bilhões em estado de subnutrição e expostos a todo o tipo de doenças e epidemias causadas pela falta de proteínas). Eles produzem, assim, uma total inversão de valores: são criminosos os que lutam em defesa do mais sagrado dos direitos humanos, o direito à vida, e são tratados como vítimas (e heróis) os monstros, os carrascos, os que especulam com a comida. Não há limite para a canalhice.

A “mídia gorda” fez absoluta questão de ocultar a reivindicação central do MST no “caso Cutrale”: a formação de uma comissão de investigação, integrada por personalidades respeitadas por toda a sociedade, para apurar a verdade dos fatos. Os donos da mídia sabem que isso não pode acontecer. Não está em jogo, apenas, saber se o MST destruiu ou não meia dúzia de pés de laranja, mas sim o significado do agronegócio para o Brasil e para o mundo. Um bilhão de cadáveres serviriam de testemunha de acusação em tal julgamento.

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O Centro de Estudos Ambientais (CEA) é a primeira ONG ecológica da região sul, constituída em Rio Grande/RS/Brasil, em julho de 1983.

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